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Tuesday, June 27, 2006


De Juan Pablo Varsky

No podía fallar otra vez. Repleta de frustraciones, su historia en la nazionale no le admitía un fracaso más. Hace cuatro años lo habían expulsado en octavos contra la Corea de Hiddink. El impresentable árbitro ecuatoriano Byron Moreno le mostró la segunda amarilla y la roja por simulación de penal. Luego, los azzurri perdieron por un gol de oro. Ni siquiera sacaron del medio después del cabezazo de Ahn. Volvió a decepcionar en la Euro 2004. En pleno partido ante Dinamarca, escupió como guanaco al rival Christian Poulsen. Fueron tres salivazos, como un geiser. Recibió tres fechas de suspensión y no pudo ayudar al equipo, eliminado en la primera etapa. Hasta ayer Francesco Totti la pasaba mucho mejor en Roma que en Italia. En el club tiene currículum con títulos. En la selección, prontuario con condenas.

Nacido en la capital italiana, siempre vivió allí y rechazó cualquier oferta de mudanza. Milan lo sedujo en su etapa adolescente con escuela privada, casa y un gran contrato. Ya consagrado, Real Madrid lo cortejó para sumarlo a su grupo de galácticos. La respuesta fue siempre la misma: no, gracias. Nadie me mueve de mi lugar en el mundo.

Así define la revista alemana Spiegel su vínculo con la Ciudad Eterna: Totti es a Roma lo que Woody Allen a Manhattan. Cambia el tema recurrente en sus vidas. Lejos del psicoanálisis y el judaísmo, el de Francesco es el gigantesco Edipo que tiene con su mamma Fiorella, toda una celebridad. “Podría sobrevivir mucho tiempo sin comida, sin agua y sin aire. Pero no duraría ni un minuto sin mi hijo”, dijo la persona más temida por el fantasista.

Hasta hace muy poco tiempo, todos los Totti vivían juntos. Ahora, Fiorella habita la casa de al lado y suele cocinar pasta para los compañeros y amigos de su bambino . Está prohibido criticar su obra maestra, los bucattini alla matrisciana . El delantero Antonio Cassano, hoy en Real Madrid, lo sabe. Se animó a semejante afrenta y salió eyectado del hogar que lo había cobijado durante unas cuantas semanas.

La fama no logró alterar sus rutinas. Toma capuchino en la cafetería de sus amigos, se corta el pelo en la peluquería de toda la vida y compra los zapatos en la zapatería de siempre. Por eso lo quieren tanto en Roma. “Sigue siendo el mismo de siempre”, diríamos en la Argentina. Con una cuenta bancaria millonaria y una esposa tan famosa como él. Ilary Blasi era presentadora de TV cuando llegó el flechazo. Se casaron hace un año y ya son padres de Christian, un bebé de siete meses que le inspiró el festejo del chupete.

Cuando confesó que nunca había leído un libro en su vida, empezó a ganarse la fama de tonto e ignorante. Proliferaron los cuentos: sabías que Totti tardó cuatro meses en armar un rompecabezas que decía “de 2 a 3 años” y dijo que era un genio porque lo había hecho en menos tiempo ¡Durísimo!

Primero se enojó y después tomó la inteligente decisión de reírse. Publicó dos volúmenes de “Los mejores chistes sobre Totti contados por mí mismo” que rompieron el mercado literario en Italia. Las ganancias fueron destinadas a obras de caridad.

Ningún futbolista italiano dona tanto dinero en beneficencia como Totti. Pero su contribución más importante se produjo durante la invasión norteamericana a Irak, apoyada por el gobierno de Berlusconi. Insurgentes iraquíes habían secuestrado a la periodista italiana Giuliana Sgrena. Una marcha con miles de manifestantes no logró conmoverlos. Ese domingo, Totti salió a la cancha con una remera blanca que decía “Free Giuliana”. El custodio iraquí vio esa imagen y liberó a la periodista. Totti era su héroe y obedeció su orden.

Después del vergonzante salivazo a Poulsen, se tomó en serio su profesión. Estaba haciendo su mejor temporada hasta que le rompieron el tobillo. Se recuperó en cien días y llegó al Mundial. Discontinuo ante Ghana, invisible con Estados Unidos e insoportable ante República Checa, Lippi lo mandó al banco contra los australianos. Entró por Del Piero, tocó dos pelotas con clase y otro impresentable árbitro le dio la oportunidad de cambiar su historia azzurra con un penal. La clavó en el ángulo y anotó el gol dorado. Australia ni siquiera pudo sacar del medio. Esta vez, Francesco Totti no falló.

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