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Monday, June 26, 2006

Messi y Tevez de arranque


Es la propuesta del Victor Hugo del futbol. Nada me parece mas acertado.
Este es su analisis del partido contra Mexico:


El diablo anduvo dando vueltas, pero fracasó una vez más. Flotaba en la ciudad en la que Goethe imaginó a Mefistófeles sacando vino de la nada en las mesas de la Auerbachs Keller (hechizando a un grupo de estudiantes que al despertar creían que había sucedido un milagro) la idea de que lo imposible, para el gran engañador, era conseguir que México derrotara a la Argentina.

Más todavía durante los 90 minutos, cuando los jugadores de La Volpe mejoraron sensiblemente lo hecho en el Mundial. Al mismo tiempo, entre los argentinos algunas respuestas individuales demasiado modestas confundían a los espectadores.

El "milagro" futbolístico de Leipzig amenazó al torneo. Pero al diablo le quemaron la cola Messi, Tevez y Aimar, los tardíos y, sin embargo, trascendentes cambios que vinieron a darle a la Selección de Pekerman un perfil decididamente ganador. Y la noche de la seductora ciudad de los pasajes que unen deliciosas plazas, la que daba un pasaje a cuartos, terminó como Dios manda...

No porque sea argentino, sino porque de vez en cuando el fútbol deja hacer a la justicia y nadie dudaba antes -ni dudó luego del partido- de la superioridad material de la Argentina. Aun en los pocos momentos complicados, cuando se estuvo en desventaja, al principio, y en un par de salvadas del Pato que fueron decisivas, la Argentina era más.

Menos que lo esperado, pero evidentemente un equipo de distinta categoría. Si hasta más de un suplente albiceleste sería titular en los verdes, mientras que, salvo Rafael Márquez, ningún mexicano de los actuales sacaría de su puesto a los muchachos de Pekerman.

No obstante estas apreciaciones, México demostró que tenía mucho más para dar. En términos tácticos y anímicos el equipo dio magníficas respuestas, jugó con aplomo, astucia, amparado en el paraguas del aceptado favoritismo argentino. Y para disuadir a cualquiera que imaginase a México apichonado, salió a pelear en el centro del ring y aplicó el primer golpe importante.

El mérito albiceleste fue la compostura, el buen estilo que, aun jugando nada más que regular, le permitió acomodar el partido a sus necesidades. Y tuvo más la pelota y fue más agresivo, no porque estuviera pugnando por el empate, lo cual había llegado con afortunada premura, sino para ganar el partido.

En eso se apoyaba la confianza que el equipo seguía provocando. Pero no se hacía la diferencia y los cambios (los ingresos de Messi y Tevez) se demoraban sin que pudiera entenderse por qué José quería seguir teniendo razón con Saviola y Crespo a cualquier precio o había imaginado un partido de 120 minutos. Afortunadamente, al decidirse, lo hizo con un plus muy valioso como Pablo Aimar. La película que se vio entonces pareció continuar la saga del partido con Serbia.

Dicen que no hay mal que por bien no venga y este podría ser un caso más. Messi y Tevez estarán desde el comienzo ante Alemania, o estamos entendiendo todo mal.

Berlín, la más melancólica de las capitales del mundo, con la atmósfera de esa ciudad que supo de la fiesta, la decadencia y la resurrección, aguarda por un partido entre dos potencias futbolísticas, una de las cuales tiene la enorme ventaja de ser local. Una forma de contrarrestarla es oponer a la supremacía de la tribuna adversa una superior condición técnica en el terreno.

Saviola y Crespo podrían ser "alemanes". Tevez y Messi, en cambio, son diferentes y superiores en sus calidades. Juegan a otra cosa -no solamente con relación a sus compañeros- y las complicaciones que generan no son las que enfrentan los alemanes.

Si Alemania, como México, logra acotar a Riquelme (sedado por el asalto inmediato de varios rivales cuando le pasan la pelota) los goleadores no participarían. En cambio, Tevez y Messi pueden abrirse camino por si solos y aliviar la carga que, en solitario, pesa sobre Juan Román.

No tanto el resultado como la forma en que se dé el mismo, si es una derrota, definirá la nota del seleccionado de Pekerman. Tiene parciales brillantes, buenos y regulares. Pero necesita hacer una gran presentación para que si se tiene que volver a Buenos Aires sea dejando instalado el aprecio más alto.

Hay jugadores con los que parece que ni el diablo puede y la Argentina los tiene. Hay jugadores que permitirán festejar en la mismísima puerta de Brandeburgo, abriéndose camino a todo, empezando por las semifinales del Mundial.

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